En el columpio del desamor y de la tristeza se balancean estas meditaciones, que desatan las amarguras y las convierten en consuelo para aquel que las lee.
Esteban Echeverría en 1831 publica sus primeros versos en diarios porteños, por más que en el viejo continente se ejercitara en escribirlos. En 1832 aparece anónimamente su poema Elvira. La indiferencia con que se le recibe contrasta con el desbordante entusiasmo y la cálida simpatía que suscitan después esta obra de Los Consuelos (1834) y sus Rimas (1837), donde inserta la Cautiva, su mejor obra en verso.