El fiscal del Consejo D. Juan Pablo Forner ha visto el expediente relativo al Colegio de Filosofía de la Universidad de Salamanca con los antecedentes unidos a él y dice: que los disturbios que se experimentan en aquella Escuela, traen más alto origen del que aparece en este incidente, el cual no es otra cosa en sustancia que un efecto notorio de la insuficiencia de las leyes escolásticas dictadas hasta ahora, no solo a la Universidad de Salamanca, sino a las demás del reino, en las cuales al poco más o menos hierven las mismas desavenencias, y yace la enseñanza, pública sujeta al desorden y perplejidad que causan las facciones, bandos y partidos en que por el interés y por el diverso modo de pensar se hallan divididos los profesores. El fiscal, conociendo la grande importancia del asunto y su conexión íntima con los cimientos de la felicidad pública, procurará subir a las fuentes del mal, y poniéndolas a la vista del Consejo unirá sus conatos a los del supremo y sabio tribunal, para que de una vez se dicten a los Estudios reglas sólidas y fecundas, con cuya observancia renazca el lustre de nuestras letras y reproduzca la especie de aquellos hombres inmortales que esclarecieron a toda Europa y que formaron las épocas más gloriosas de nuestra historia literaria.