El Cristo Yacente de Santa Clara (Iglesia de la Cruz) de Palencia

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Miguel de Unamuno

El Cristo yacente de santa Clara, que se encuentra en la iglesia de La Cruz de Palencia, fue redactado por Unamuno más o menos durante el período anterior y posterior a la fecha de 19 de marzo de 1913 según consta en el manuscrito.

Nos encontramos ante el Cristo más humano de la producción unamuniana. Es el único poema en el que Unamuno se dirige al Cristo-hombre, pero como hombre fracasado, que no espera ya nada más que la muerte si volviera a este mundo que lo mató. Y si por un lado es un Cristo-hombre que no espera más que la muerte, por otro lado no es nada más que tierra, tierra, tierra: -Porque él, el Cristo de mi tierra es sólo: tierra, tierra, tierra, tierra...-. Para dar más énfasis a la caricatura, dice Unamuno en Palencia, en agosto de 1921, recordándolo, que el Cristo yacente de santa Clara: -es una momia: pero parece ser más bien un maniquí de madera articulado, recubierto de piel y pintado. Con el pelo natural y grumos de almazarrón, en el que fingen cuajarones de sangre. La boca, entreabierta; negra por dentro, y no todos los dientes. Los pies con los dedos encorvados-.

Este poema de Cristo siempre produjo en Unamuno el remordimiento de lo no correcto, por ello en este mismo artículo manifiesta: -Y fue cierto remordimiento de haber hecho aquel feroz poema, lo hice en esta misma ciudad de Palencia y en dos días, lo que me hizo emprender la obra más humana de mi poema El Cristo de Velázquez, el que publique este año-. Unamuno se deja llevar ante el espectáculo de un Cristo desagradable, que incluso transmite la sensación de un hediondo olor, pero ¿no será la talla de la escultura la que produzca todos estos pensamientos desagradables? Personalmente creo que esto es lo correcto más que pensar es un producto de la ira de Unamuno contra la figura de Cristo. En estos momentos Unamuno se siente defraudado y engañado por todo lo concerniente a la religiosidad, es decir, por la iglesia católica española, todo es falso, todo es apariencia y sobre todo es Ad maiorem Dci Gloriam. Entonces se comprenderá que al ver a este Cristo, desagradable en sí, se sintiera en la obligación de desahogarse.