El homenaje a un santandereano excepcional, inquieto y visionario, y la indagación de la historia regional de la segunda mitad del Siglo XIX, se funden en esta obra que retrata una época y el esfuerzo de un hombre por romper la tradición cultural e imponer modelos más favorables al progreso de Piedecuesta y Santander. Es un intento por comprender la conducta de una sociedad que apenas ahora, en los albores del nuevo milenio, se abre a una relación más estrecha y provechosa con el mundo, como Victoriano de Diego Paredes y Paramato lo hubiese querido.