Sobre las hetairas, aquellas refinadas y sensuales servidoras de Afrodita, existe la más contradictoria información. Algunos no ven en ellas más que unas prostitutas de categoría, dispuestas a hacer mal uso de la libertad que les concedía su rango de sacerdotisas de la diosa del amor, a pervertir a los jóvenes, a destruir familias y a desvalijar a los ciudadanos más ricos y respetables. Otra versión, con seguridad mucho más objetiva, afirma que eran unas verdaderas compañeras e inspiradoras de grandes estadistas, poetas y artistas, cuyo juramento a Eros y Afrodita las ponía a un servicio eterno al amor en todas sus manifestaciones carnales y espirituales... (Fragmento)