Ni ofuscada por el delirio, podría ciudad alguna disputar a la sagrada Hispalis la celebración del solemne certamen hispanoamericano. Alegaríase alguna relación aislada, climatológica, mercantil o de mera coincidencia histórica; pero Sevilla es una población plenamente americana, sin dejar de ser la más típica española; de tal suerte, que América no parece, a primera vista, una continuación de España, sino una prolongación de Andalucía. Cualquiera de nuestras regiones ha emitido mayor coeficiente emigratorio que Sevilla y, sin embargo, el lenguaje de los americanos desmaya en cadencias análogas al habla de la Botica, dulcificando la inflexible rigidez castellana, tornando más fluida y suave la pronunciación, que es alada y viva, adivinando las leyes de la biología fonética y señalando la prosodia del porvenir. Y con el alma y la elocución pasó también sobre las olas, como brisa de luz, el numen generador de los moldes artísticos... (Fragmento)