¡Absurda, sí! Sólo tal vez lo absurdo, y el que estiméis más burdo, nos libra de la peste de la lógica, de la rueda del tiempo con que el Hado inhumano, poniendo en ella su broncínea mano, nos trilla el corazón y la cabeza.
¿No he de volver a verte, campa de Albia? ¿No ha de arrollarse, al fin, en rollo espeso el tapiz del camino de mi vida? ¿Todo ha de ser progreso? ¿No ha de juntarse, al cabo, todo en uno?