Al morir Joaquín Monegro encontróse entre sus papeles una especie de Memoria de la sombría pasión que le hubo devorado en vida. Entremézclanse en este relato fragmentos tomados de esa confesión -así la rotuló-, y que vienen a ser al modo de comentario que se hacía Joaquín a sí mismo de su propia dolencia. Esos fragmentos van entrecomillados. La Confesión iba dirigida a su hija:
"La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual".
Inspirándose en la historia de Caín y Abel, Unamuno traza una novela de gran fuerza psicológica en la que la envidia se convierte en un personaje más, capaz de trazar el destino de los protagonistas.