No quiere hoy la palabra ardorosa, en flores de dolor que arrebata el viento, tributar pasajero homenaje al muerto bien amado de la patria. Aunque, si la patria lo ama, no está muerto.
Quieren sus buenos amigos que mi mano trémula, caliente aún con el fuego que secó en vida su mano generosa, sea la que revele aquel espíritu férvido y preclaro, con que puso más lauros en la frente ceñuda de la patria, cargada ya de lauros enlutados. (Fragmentos)
Discurso leído el 28 de febrero de 1879.