El júbilo, mezclado de zozobra, del explorador que adivina bajo la tierra áspera y revuelta el oro puro, del explorador que anunció el hallazgo a los compañeros que se iban a medio camino, no puede compararse con el júbilo del que vuelve ante los que le ayudaron a confiar, con las manos llenas de oro. (Fragmento)
Conocido como "Oración de Tampa y Cayo Hueso" este discurso fue pronunciado el 17 de febrero de 1892.