¿Quién eres tú, señor mío, y quién soy yo para que me ose llegar a ti? ¿Qué cosa es el hombre para que pueda recibir en sí a Dios su hacedor? ¿Qué es de sí el hombre sino un vaso de corrupción, hijo del demonio, heredero del infierno, obrador de pecados, menospreciador de Dios, y una criatura inhabilísima para todo lo bueno, y poderosísima para todo lo malo?... (Fragmento)