El rey Felipe IV inaugura su nuevo palacio del Retiro en Madrid, ofreciendo a su esposa, la reina Isabel, y a toda su Corte, una justa real, que es un juego de sortija.
La metáfora central del auto, esta sortija, es la que precisamente simboliza la eucaristía.
En la rica y variada producción sacramental existe un auto, uno solo, que sepamos, en el que Calderón emprendió la atrevida y arriesgada tentativa de explicitar dramatúrgica y poéticamente la noción de transustanciación. Se trata del auto titulado El nuevo palacio del Retiro. La noción de transustanciación, piedra de toque del dogma y una de las nociones más abstractas y más arduas de la teología católica, acababa de ser redefinida por el Concilio tridentino como «conversión milagrosa y singular de toda la sustancia del pan en el Cuerpo de Cristo y de toda la sustancia del vino en su Sangre». Esta formulación había sido propuesta por los Padres conciliares para luchar contra la doctrina de consustanciación propuesta por Lutero y según la cual «las sustancias de pan y vino subsisten juntamente con el Cuerpo y la Sangre de Cristo».
Fuente: journals.openedition.org