Se debe entender que: El hombre pertenece íntegramente al cosmos y al reino de lo viviente, pero, al desarrollar el reino de la cultura, los «sobrepasa» y se desarraiga de ellos. Así, el hombre es plenamente biofísico y metafísico y lo que hay que comprender, evitando cualquier reduccionismo, es esta «unidualidad» compleja de nuestro ser a la vez natural y metanatural.