El humor fino y punzante tuvo en Leonardi a uno de sus más devotos oficiantes; su aljaba poética era como una cantera inagotable. Sus dardos, sin embargo, jamás dejaron heridas en el sentimiento de sus «víctimas».
Alfarero de ilusiones, no fue amasador de fortunas, ni el dinero fácil llegó a comprometer su conciencia, pues siempre permaneció erguido sobre su propia solvencia moral. Los artistas, decía, no necesitamos atesorar, pues el dinero no sirve de pasaporte para viajar al mundo de los ensueños y la fantasía.
El objetivo del presente libro es recoger, por lo menos parte de la obra literaria del maestro Leonardi. Así se firmaba Leonidas Ardila Diaz, sigla que le fabricó su entrañable amigo Rafael Antonio Aponte Carvajal, quien le dedicó años más tarde una bonita Marcha, Leonardi, que está grabada en el Disco l.d. música con energía, de la Estudiantina de la Electrificadora de Santander.