Hubo un cavallero llamado Darino, hijo de Galmanoy de Volisa, el qual andando un día solo a cavallo, passeando llegó a un castillo y casa fuerte en muy gentil asentamiento puesto. Vio a la ventana a Fynoya, muy gentil dama, hija de Nertano y de Solona, donde con mucho contentamiento y turbación llegó a hablar con ella, y acabadas sus razones partióse della muy cativado de su amor. Y sin reposo bolviendo a su posada, procuró con dos criados de los suyos, de quien él más fiava (al uno llamavan renedo y al otro Angis) para que con todas sus fuerças y mañas hiziessen que Finoya recebiesse una carta de Darino. Fue tal la diligencia y astucia de sus criados, que alcançó Darino al principio reçebirtas de Finoya y al cabo gozar de su persona. Y aunque las cosas que algún tiempo duran de contino son sabidas y descubiertas, esto en breve tiempo fue sabido. Por donde Nertano, padre de Finoya, sabiendo esto aguardó a Darino y tomóle la segunda vez que entró en su casa; halló a los dos juntos tomando sus retraýdos deleytes. El qual metió en una torre a Finoya con sus donzellas y en otra a Darino con sus criados, y todos hyzieron penitencia allí en aquellas torres hasta el cabo de sus días.