Esta interesante obra está considerada como parte de la tradición de La Celestina (escrita unos treinta años antes por Fernando de Rojas). Comparten ambas la estructura dialogada, el tema tratado y el enfoque picaresco propio de este género, además de las frecuentes menciones que, de la novela de Rojas, se hacen en La lozana a lo largo del relato.
Además de su particular gracejo y retrato del medio popular hispano-romano, La lozana andaluza constituye asimismo un imprescindible documento del habla popular en ese período de trasición. Se inspira en las propias experiencias del autor en los barrios prostibularios de Roma. Utiliza un lenguaje lleno de italianismos de toda clase, léxicos y sintácticos. Cada capítulo es llamado mamotreto, y el propio autor aparece como personaje, si bien los protagonistas principales son la prostituta andaluza Aldonza (la lozana andaluza del título) y su amigo Rampín. La obra descubre todas las trampas, truhanerías y obscenidades del oficio más antiguo del mundo en la Roma anterior al saqueo; en cierto modo, pretende ser una justificación del mismo ante el nivel de degradación moral alcanzado por la «Ciudad Eterna». Hay también un buen pertrecho de sabiduría popular, folklore y refranero tradicionales. La obra posee gran vitalidad y realismo y es de un lenguaje crudamente naturalista. Se trata, además, de un gran documento sobre las costumbres y el espíritu del Renacimiento en su medio populachero.