La historia que relato a continuación es real. Los hechos narrados en las estas páginas son todos verdaderos, tengan éstos que ver con los acontecimientos materialmente históricos, o con los sucesos intangibles que sólo son ciertos para quienes los viven. Los nombres de los protagonistas son también reales, sólo obvié aquellos que no me fueron autorizados de citar por los propios autores de los acaecimientos que aquí cuento.
A mis cuarenta y cuatro años, los que tenía cuando me ocurrió este misterioso encuentro, yo ya había pasado por muchas experiencias en mi vida; fui militante de izquierda desde muy joven, desde niño estuve comprometido políticamente; participé en el proceso de la Unidad Popular que encabezó el presidente Salvador Allende en forma activa, sufrí la decepción y la tristeza cuando se derrumbaron mis sueños de joven romántico aquel recordado once de septiembre de mil novecientos setenta y tres, y lloré el día en que fusilaron a mis compañeros en el campo de concentración de Tejas Verdes. Viví la clandestinidad en momentos atroces cuando en Chile se torturaba y se asesinaba porque los militares habían institucionalizado aquellos procedimientos, luego me fui al exilio por dieciséis años. Todo este tiempo había sido consecuente con mis ideales y con mi forma materialista de ver la vida y la sociedad.